Que me han conducido por la vida, con amor y paciencia, hoy ven forjado un anhelo, una ilusión, un deseo.
Gracias por enseñarme lo que han recogido a su paso por la vida, por compartir mis horas grises, mis momentos felices, ambiciones, sueños e inquietudes.
Gracias por ayudarme a salir adelante en la adversidad, por hacer de mí lo que hoy soy: gente de provecho.
No los defraudaré, los haré sentir orgullosos y verán que todos sus sacrificios y tragos amargos hoy son suave miel.
Para ustedes, queridos padres: que Dios los bendiga y guarde siempre.