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Placas

Cómo elegir el pensamiento de tu placa de agradecimiento

Se graba una sola vez y se queda colgado 20 años. Cómo escoger entre los textos clásicos, cuándo escribir el tuyo y los errores que no se pueden corregir después.

 ·  4 min de lectura

Placa de agradecimiento grabada montada sobre madera

De todo el paquete de graduación, la placa es la pieza que más tiempo va a estar a la vista. El anillo se guarda, la toga se devuelve, las fotos se archivan en un disco duro. La placa se cuelga en la sala de tus papás y ahí se queda.

Vale la pena pensarla más de cinco minutos.

Primero: ¿a quién se la estás dedicando?

Suena obvio y es donde más gente se equivoca. Los textos clásicos están escritos para destinatarios distintos y no son intercambiables:

  • A los dos padres. Es el caso más común y el que más variantes tiene.
  • A la madre sola, o al padre solo. Hay textos escritos específicamente para quien crió sin pareja, y se nota cuando se usa uno genérico en su lugar.
  • A padres y hermanos, cuando los hermanos tuvieron un papel real en la carrera.
  • Con agradecimiento a Dios, que en varios de los textos clásicos abre la dedicatoria antes de los padres.

Antes de leer opciones, decide esto. Reduce las once posibilidades a tres o cuatro y la elección se vuelve manejable.

Los textos clásicos: por qué funcionan

Los once pensamientos que manejamos llevan años grabándose porque dicen bien algo difícil de decir. Están escritos en un registro que no envejece mal y que no depende de una moda de redacción.

Hay gente que los descarta por ser «genéricos». Nuestra experiencia dice otra cosa: la persona que recibe la placa no la está leyendo como crítico literario. La está leyendo como madre o padre, y lo que le importa es que su hijo se tomó la molestia.

Dicho esto, se pueden adaptar. Cambiar «padres» por los nombres propios, recortar un párrafo que no aplica, o mezclar la apertura de uno con el cierre de otro. Lo hacemos todo el tiempo y no cuesta más.

Cuándo escribir el tuyo

Escribe tu propio texto si hay un hecho concreto que quieras dejar grabado: un sacrificio específico, una frase que tu mamá repetía, el trabajo que tu papá tomó para pagar la carrera. Eso ningún texto de catálogo lo tiene y es lo que hace que una placa se lea distinto.

No escribas tu propio texto solo por no usar uno de catálogo. Un texto original mediocre se lee peor que un clásico bien elegido, y ahí se queda, en metal, para siempre.

Si escribes el tuyo, dos reglas: déjalo reposar tres días antes de mandarlo, y que lo lea alguien más. No para que lo apruebe, sino para que cace la falta de ortografía que tú ya no ves.

Cuánto texto cabe

Esta es la parte técnica que cambia decisiones. El texto no se escala infinitamente: cuanto más largo, más pequeña la letra, y hay un punto en el que el grabado deja de leerse bien a un metro de distancia, que es como se ve una placa colgada.

Como referencia práctica, en una placa de tamaño estándar un texto de ocho a doce renglones se lee cómodo. Arriba de dieciocho renglones empieza a apretarse. Si tu texto es largo y no quieres recortarlo, la solución es una placa más grande, no una letra más chica.

Cuando recibimos el texto te decimos cómo va a quedar antes de grabar, y si conviene ajustar, lo decimos.

Los errores que no se corrigen

El grabado reproduce exactamente lo que se entrega. No hay corrector automático ni segunda revisión editorial. Estos son los cuatro que más hemos visto:

  1. Acentos faltantes en nombres propios. «Martinez» por «Martínez». Es el más común de todos.
  2. El nombre de la carrera incompleto. Conviene copiarlo del documento oficial, no de memoria.
  3. El año equivocado, sobre todo cuando la ceremonia cae en enero y se pone el año del ciclo anterior.
  4. Un segundo apellido que la persona no usa pero que sí aparece en actas. Pregunta cómo quiere aparecer esa persona.

Por eso pedimos el texto por escrito y lo confirmamos contigo antes de mandarlo a máquina. Es un paso que parece burocrático y que ha salvado muchas placas.

Material y montaje

La placa de metal grabado se monta sobre madera, acrílico o cristal. La madera es la opción clásica y la que mejor envejece en una sala. El acrílico se ve más contemporáneo y pesa menos. El cristal luce mucho pero exige una pared donde no le dé el sol de frente, o se ve el reflejo y no el texto.

Si quieres ver los tres acabados en mano antes de decidir, pásate al local. Es una decisión que se toma mucho mejor tocando el material que mirando una foto.

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