Cuando alguien llega a pedir su anillo de graduación, la primera pregunta suele ser el precio. La segunda, que es la que de verdad importa, debería ser: ¿cuánto lo voy a usar? De ahí sale el material correcto, no al revés.
Plata .925
Es el material más pedido para anillos de graduación y por buenas razones. La plata ley .925 —92.5 % plata, 7.5 % cobre— es lo bastante dura para aguantar uso diario y lo bastante noble para que un joyero pueda trabajarla después.
A favor: el detalle del grabado sale nítido, el escudo de la facultad se lee bien incluso en relieves finos, y cualquier ajuste posterior —cambiar la talla, resoldar, pulir— se hace sin drama.
En contra: se oscurece. Es química, no un defecto: la plata reacciona con el azufre del aire y del sudor y forma una capa gris. Se quita con un paño de joyería en dos minutos, pero hay que hacerlo cada tanto. Quien no piense limpiarlo nunca, va a terminar con un anillo opaco en un cajón.
Un truco que sirve: quítatelo para nadar en alberca. El cloro acelera el oscurecimiento más que cualquier otra cosa.
Oro de 10 y 14 quilates
El oro puro (24k) es demasiado blando para un anillo que se usa. Lo que se trabaja son aleaciones: 10k es 41.7 % oro y 14k es 58.3 %. Entre esos dos está prácticamente todo el mercado de anillos de graduación.
10 quilates es más duro y más resistente al rayón, porque tiene más metal de aleación. Es la opción sensata para alguien que trabaja con las manos: enfermería, laboratorio, obra, cocina.
14 quilates tiene el color amarillo más rico y se siente distinto en la mano. Es más blando, así que acumula microrrayas con los años, aunque un pulido lo devuelve a su estado.
Los dos son inmunes al oscurecimiento de la plata. Ninguno se pone negro. Esa es la ventaja real por la que se paga.
Si el anillo lleva oro blanco, hay que saber una cosa: el oro blanco es oro amarillo aleado y bañado en rodio. Ese baño se desgasta con los años y el anillo empieza a verse amarillento en los cantos. No está arruinado: se manda rodinar otra vez y queda como nuevo. Es mantenimiento normal, no una falla.
Acero inoxidable
Es la opción más económica y la más resistente de las tres. No se oscurece, no se raya con facilidad y aguanta prácticamente cualquier maltrato.
Tiene una limitación que conviene saber antes de decidir, no después: el acero inoxidable no se puede ajustar de talla con facilidad. Su dureza —lo mismo que lo hace resistente— dificulta cortarlo y resoldarlo sin dañar el acabado. Con un anillo de acero, la talla que compras es la talla que te quedas.
Por eso lo recomendamos cuando la talla está estable y el anillo va a tener un uso rudo, y lo desaconsejamos para alguien de veintiún años cuyas manos todavía van a cambiar.
Tabla corta para decidir
- Lo vas a usar diario y quieres que dure décadas: oro 10k.
- Lo vas a usar en ocasiones y valoras el detalle del grabado: plata .925.
- Trabajas con las manos y quieres olvidarte del mantenimiento: acero, si la talla ya no te va a cambiar.
- Es un regalo y no conoces la talla exacta: plata u oro, nunca acero.
La talla: lo que nadie te dice
Los dedos cambian de grosor a lo largo del día y del año. Están más delgados en la mañana y en frío, y más gruesos en la tarde, con calor o después de ejercicio. La diferencia puede ser de media talla completa.
Por eso tomamos la medida a media tarde y en reposo, que es el punto medio realista. Y por eso preferimos medir con anillero en el local en vez de fiarnos de una talla que alguien recuerda de otro anillo.
Si aun así el anillo queda flojo o apretado después de la graduación, lo ajustamos en nuestro taller. Fabricar la pieza nosotros mismos tiene esa ventaja concreta: no hay que mandarla a ningún lado.
Qué se graba
En una cara va el escudo de la universidad o la facultad; en la otra, el símbolo de tu carrera. El aro lleva el nombre, la generación y el año. En pedidos de generación completa el molde del escudo se hace una sola vez, lo que baja el costo por pieza de forma notable respecto a un anillo individual.
Si quieres ver opciones y materiales en mano, pásate al local o pídenos una cotización con los datos de tu generación.